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Los zombis de la austeridad europea

NUEVA YORK – “Si los hechos no encajan en la teoría, cambia la teoría”, dice el viejo adagio. Pero muy a menudo, es más fácil mantener la teoría y cambiar los hechos – o eso es lo que parece creer la canciller alemana Ángela Merkel y otros líderes europeos pro-austeridad. Aunque los hechos siguen mirándoles a la cara, ellos continúan negando la realidad.

La austeridad ha fracasado. Pero sus defensores están dispuestos a cantar victoria sobre la base de la evidencia más débil posible: la economía ya no está colapsando; por lo tanto, ¡la austeridad debe estar funcionando! Pero si ese es el punto de referencia, podríamos decir que saltar desde un acantilado es la mejor manera de bajar de una montaña; al fin de cuentas, el descenso ha sido detenido.

Sin embargo, cada crisis llega a su fin. El éxito no se debe medir por el hecho de que la recuperación se produce con el transcurso del tiempo, sino que se debe medir según la rapidez con la que dicha recuperación se afianza y según cuán extensos son los daños causados por la caída.

Visto en estos términos, la austeridad ha sido un desastre total y absoluto, desastre que se ha hecho cada vez más evidente a medida que las economías de la Unión Europea se enfrentan una vez más al estancamiento, si es que no se enfrentan ya a una recesión de triple inmersión, con un  desempleo que persiste en niveles récord y, en muchos países, con un PIB real per cápita (ajustado según la inflación) en niveles que permanecen por debajo de los niveles pre-recesión. Incluso en las economías de mejor desempeño, como la de Alemania, el crecimiento desde la crisis de 2008 ha sido tan lento que, en cualquier otra circunstancia, sería clasificado como pobre.