10

La actuación de Europa en la tragedia de Ucrania

BERLÍN – La estrategia política en grande y la experiencia cotidiana con frecuencia tienen mucho en común. Quien pruebe, por ejemplo, a tragarse un salami entero probablemente acabará muriendo de asfixia. En el mundo de la alta política, el comportamiento no es diferente: se corta en rajas el salami antes de consumirlo. Si no se puede alcanzar un objetivo inmediatamente, se hace una aproximación paciente, paso a paso.

Actualmente, el Kremlin está recurriendo a esa “táctica del salami” con Ucrania. Ante nuestros ojos está desarrollándose una tragedia en varios actos en la que los intérpretes y sus fines están claros. Lo que no se sabe es cuántos más actos tendrá ese triste espectáculo político y, por tanto, cuándo –y cómo– acabará.

El primer acto comenzó en el otoño de 2013, cuando el entonces Presidente Viktor Yanukóvich engañó a la Unión Europea y a sus dirigentes al negarse a firmar un acuerdo de asociación preparado desde hacía mucho. En cambio, optó por hacer entrar a Ucrania en una unión aduanera con Rusia, a cambio de un montón de liquidez y petróleo y gas baratos. El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, parecía haber logrado su objetivo político, a saber, devolver a Ucrania, que había estado derivando hacia Europa durante todo el período postsoviético, firmemente a la esfera de influencia del Kremlin.

El segundo acto fue interpretado por el pueblo ucraniano, que en el oeste del país y en la plaza Maidan de Kiev se rebeló contra el empeño de Yanukóvich de alinear a su país más estrechamente con Rusia. Después de tres meses de protestas, el levantamiento acabó en el derrocamiento de Yanukóvich, lo que descarriló temporalmente el plan de Putin de convertir a Ucrania en su vasalla pacíficamente. No fueron la OTAN ni la UE ni los Estados Unidos quienes actuaron para bloquear la desviación de Ucrania hacia el Este. Yanukóvich fue expulsado del poder por una importante mayoría de los propios ucranianos.