23

La verificación de la realidad por parte de Putin para Europa

BERLÍN – Durante demasiado tiempo, Occidente ha abrigado ilusiones sobre la Rusia de Vladimir Putin, ahora destrozadas en la península de Crimea. Occidente podía (y debía) haber mostrado mayor agudeza: siempre, desde el primer período en que ocupó el cargo de Presidente de Rusia, el objetivo estratégico de Putin ha sido el de restablecer la condición de potencia mundial de Rusia.

Para ese fin, Putin recurrió a las exportaciones energéticas con miras a recuperar gradualmente los territorios perdidos cuando la Unión Soviética se desplomó hace una generación. Ucrania ha sido el centro de dicha estrategia, porque, sin ella, el objetivo de una Rusia rediviva es inalcanzable. Así, pues, Crimea era la primera meta; la segunda será la Ucrania oriental y la desestabilización permanente de todo el país.

Se está eliminando ante nuestros ojos el sistema internacional postsoviético en la Europa oriental, el Cáucaso y el Asia central. Los conceptos decimonónicos de orden internacional, basado en consideraciones de equilibrio de poder de suma cero y esferas de interés, están amenazando con substituir las normas modernas de autodeterminación nacional, inviolabilidad de las fronteras, Estado de derecho y principios fundamentales de la democracia.

A consecuencia de ello, esa conmoción tendrá repercusiones enormes en Europa y sus relaciones con Rusia, pues determinará si los europeos viven conforme a normas del siglo XXI. Quienes creen que Occidente puede adaptarse al comportamiento ruso, como indican los apologistas occidentales de Putin, corren el riesgo de contribuir a una mayor escalada estratégica, porque una actitud blanda sólo servirá para envalentonar al Kremlin.