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La política entrampada de Europa

PARÍS – Cuando se celebraron las últimas elecciones al Parlamento Europeo, en 2009, parecía que todos los ciudadanos de Europa afrontaban los mismos peligros. En todo el continente, los gobiernos estaban muy ocupados abordando las consecuencias de la crisis mundial que había estallado el año anterior. Cinco años después, en vísperas de otras elecciones al Parlamento Europeo, la situación no podría ser más diferente.

En 2009, Europa afrontaba el imperativo compartido de forma generalizada de rescatar a bancos con dificultades, luchar contra la recesión y contener un pronunciado aumento del desempleo. También había unidad en materia de estrategia política: estímulos de emergencia, seguidos de consolidación fiscal.

Cierto es que había diferencias entre los países, pero la mayoría de los observadores las consideraban menos importantes que los problemas comunes. Al fin y al cabo, el desempleo en el sur de la zona del euro era sólo marginalmente mayor que en el norte y las relaciones deuda/PIB parecían ir camino de la convergencia.

Naturalmente, todo el mundo sospechaba que las finanzas públicas de Grecia estaban en peores condiciones de lo notificado, pero nadie imaginaba que los datos oficiales de Grecia estuvieran tan alejados de la realidad como resultaron estarlo. Aparentemente, había menos divergencia dentro de la zona del euro que dentro de muchos de sus países constitutivos.