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Las rencillas entre los aliados asiáticos de los Estados Unidos

ATLANTA – A los diplomáticos estadounidenses les gusta definir a los aliados de su país con elogios. Así, el mundo notará cuando este entusiasmo está ausente –como cuando la Subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Wendy Sherman, reprendió públicamente a Corea del Sur por sus agravios aparentemente interminables contra Japón durante una conferencia reciente sobre Seguridad en Asia, realizada en Washington, DC. De acuerdo con Sherman, la postura de Corea del sur –reflejada en su exigencia a Japón de presentar sus disculpas una vez más por obligar a mujeres coreanas a dar servicios sexuales al ejército imperial durante la Segunda Guerra Mundial –ha generado “parálisis, no avances”.

Sin embargo, la crítica de Sherman también se le puede hacer a Japón. El primer ministro Shinzo Abe no ha perdido oportunidad en provocar los reproches coreanos contra Japón, ya sea por visitar el santuario Yasukuni en Tokio, donde están enterradas “las almas” de 14 criminales de guerra Clase A, o por adoptar posiciones revisionistas sobre disculpas previas presentadas por Japón por sus agresiones.

En lugar de ayudar conjuntamente a su aliado estadounidense a enfrentar los desafíos emergentes por el auge de China y la amenaza nuclear norcoreana, Corea del Sur y Japón han dejado que su rencor obstaculice acciones efectivas. Estas tensiones aparentemente interminables han provocando durante años frustración –e inquietud– en los dirigentes estadounidenses, sobre todo porque han socavado el “eje” estratégico de los Estados Unidos en Asia.

Desde que el presidente, Barack Obama, anunciara este eje hace cinco años, los Estados Unidos han estado tratando de impulsar sus fuerzas y alianzas en Asia, fortaleciendo así su participación estratégica en una región donde China está intentando dominar cada vez más. Sin embargo, las críticas implacables de sus dos aliados asiáticos más importantes han bloqueado el tipo de cooperación concreta que necesitan los Estados Unidos para alcanzar sus objetivos, incluida una presencia militar garantizada de largo plazo y duradera en la región.