¿Se ha acabado el sueño europeo?

NUEVA YORK -- ¿Estarían en lo cierto los euroescépticos, a fin de cuentas? ¿Fue el sueño de una Europa unificada –inspirado por los temores a otra guerra europea y sostenido por la esperanza idealista de que los Estados-nación eran algo superado y cederían el paso a unos europeos ejemplares– un callejón sin salida utópico?

En la superficie, la crisis actual de Europa, que, según predicen algunos, romperá la Unión Europea, es financiera. Jacques Delors, uno de los arquitectos del euro, afirma ahora que su idea de una moneda única era buena, pero que su “ejecución” fue defectuosa, porque se permitió a los países más débiles endeudarse demasiado.

Pero la crisis es fundamentalmente política. Cuando los Estados soberanos tienen sus propias divisas, los ciudadanos están dispuestos a aceptar que se transfiera el dinero de sus impuestos a las regiones más débiles. Es una expresión de solidaridad nacional, la sensación de que los ciudadanos de un país están unidos y, en una crisis, están dispuestos a sacrificar sus propios intereses por el bien colectivo.

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