¿Se está muriendo Rusia?

Hace algunos años, el escritor alemán Gunther Grass publicó una novela llamada “Partos mentales o los alemanes se extinguen”. Ese apocalíptico título actualmente parece estarse conviertiendo en realidad, pero para los rusos, no para los alemanes. Los problemas demográficos actuales de Rusia son tan severos que hace poco me invitaron a hablar sobre el asunto en una sesión del Consejo de Seguridad de Rusia. La década pasada golpeo muy duro al grueso de la población rusa. Desde 1992, el balance entre la tasa de natalidad y la de mortalidad ha sido negativo, lo que ha provocado una natural reducción de la población de Rusia. De hecho, la tasa de natalidad en el país en este momento es apenas la mitad de lo que se necesita para sustituir a la generación actual de padres y madres. El factor principal de la catástrofe demográfica de Rusia es la astronómica tasa de mortalidad entre los hombres. La expectativa de vida para los hombres rusos es de 60 años, mientras que las mujeres viven 12 años más, y el 80% de los que mueren en edad productiva son hombres. En general, si la tasa de mortalidad actual se mantiene, sólo el 58% de quienes hoy tienen 16 años de edad llegarán a los 60. Imagínense: Rusia perdió aproximadamente 7 millones de habitantes mediante este despoblamiento en los últimos nueve años. Algo de la pérdida se recuperó, hasta cierto grado, con un balance positivo de migración, es decir, muchos rusos están regresando a su patria provenientes de los países que obtuvieron su independencia al desintegrarse la Unión Soviética. Sin embargo, a pesar de esta inmigración, la población de Rusia ha caído de 148.3 millones en 1992 a sólo 144.8 millones a principios de 2001. No quiero pintar un escenario de fatalidad, pero si las tendencias actuales continúan, Rusia podría estarse dirigiendo hacia su autodestrucción. Las predicciones sostienen que en los primeros 15 años del siglo XXI Rusia podría perder otros 12 millones de personas. De acuerdo con cálculos de la ONU, de mantenerse ese ritmo, Rusia tendrá una población de apenas 55 millones de habitantes para el año 2055. ¿Por quién doblan las campanas? Juzguen ustedes mismos. Si estas funestas predicciones se cumplen, el desastre demográfico tendría consecuencias sociales y políticas incalculables, incluyendo la amenaza directa a la seguridad nacional del país y, de hecho, a la preservación del Estado ruso. También sería un fenómeno con amplias implicaciones geopolíticas, más allá de los confines de Rusia. La desaparición de Rusia como país grande seguramente provocaría inestabilidad a lo largo de Eurasia y representaría una amenaza para la paz mundial. Un factor igualmente alarmante es el deterioro físico del pueblo ruso. Los rusos no sólo se están muriendo, sino que también son cada vez menos sanos en casi todos aspectos. Los comunistas solían hablar de que Rusia se dirigía a paso firme hacia un futuro mejor. De hecho, cada nueva generación de rusos tiene un peor potencial de salud que la que le precede. Una de las razones de esto es el vínculo estrecho entre la salud de los niños y la de sus madres. Entre 1990 y 1997, la anemia durante el embarazo aumentó 3.1 veces. Hoy, 40% de las madres futuras son anémicas. Peor aún, las enfermedades y la mala salud están dañando a más niños cada vez. La salud de los bebés se debilita durante su primer año de vida y este deterioro continúa, aunque no tan rápido, durante el resto de sus vidas. Por ejemplo, se considera que apenas entre el 10 y el 12% de los niños en edad preescolar están completamente sanos. Para cuando llegan a la escuela, sólo el 8% mantiene una salud fuerte. La cifra cae al 5% en el nivel de educación media superior. Los problemas sociales también están haciendo estragos en la salud de los rusos. De acuerdo con las investigaciones más recientes, un total de 15 millones de ciudadanos rusos (el 10% de la población) sufren de enfermedades sociales como el alcoholismo, la drogadicción, la tuberculosis y el VIH. Un 10% adicional de la población urbana lucha por sobrevivir en los niveles más bajos de la pirámide de ingresos. Las cifras relativas a la salud psíquica, el estado moral, el nivel de alfabetización y el gasto público en educación también son indicadores de la fuerte caída del potencial humano. No obstante, estos promedios no revelan a fondo las verdades más sombrías. Dado que hay una amplia brecha en las condiciones existentes entre las distintas regiones de Rusia, las cifras no pueden reflejar ni siquiera remotamente las terribles condiciones que existen en algunas ciudades y zonas rurales. En efecto, es claro que hay dos Rusias que coexisten y que cada vez se alejan más entre sí. Las poblaciones dentro de estas Rusias viven vidas diferentes, tienen tiendas diferentes, se educan en escuelas diferentes y tienen prioridades diferentes. Diez años de reformas políticas y económicas han traído muchas consecuencias desfavorables para la población de Rusia. Los programas de desarrollo social y las estrategias económicas liberales perecen haber beneficiado sólo al 20% superior del pueblo ruso. Ese 20% tiene ahora la oportunidad de vivir una vida activa, de desarrollarse, trabajar con eficacia y satisfacer sus diversos requerimientos. El 80% restante parece ser invisible. Sólo se les recuerda cuando el 20% gobernante les otorga el mínimo nivel de vida para la sobrevivencia elemental. Mientras tanto, madres enfermas siguen dando a luz a bebés enfermos y las familias pobres reproducen la pobreza. La sociedad se está hundiendo en un ”vórtice social” cada vez más profundo. Serán necesarias varias generaciones para salir de esa espiral descendente, y eso sólo si el Estado y la sociedad hacen que sea una prioridad.
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