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¿Es elegible Gordon Brown?

Obviamente Gordon Brown quiere suceder a Tony Blair como primer ministro británico. Pero es menos obvio que esté dispuesto a hacer lo necesario para conducir al Partido Laborista a la victoria en las próximas elecciones generales. Con cierto sentido crítico, debe repudiar el legado de Blair, lo que significa como mínimo la promesa de retirar al Reino Unido de la guerra en Iraq.

Brown ha querido ser primer ministro desde hace mucho, desde el 12 de mayo de 1994, el día fatídico en que John Smith, el líder del Partido Laborista en la oposición murió de un infarto. Dos semanas después, el 31 de mayo, Blair y Brown se reunieron en un pequeño restaurante al norte de Londres y debatieron sobre quién debería tomar la dirigencia del partido. Al final de su discusión hicieron un trato doble: Brown se haría a un lado y apoyaría a Blair para ser el próximo líder del partido; a cambio, más tarde Blair le cedería la dirigencia a él.

Crucial, pero inevitablemente, no acordaron cuándo o bajo qué circunstancias Blair cumpliría con su parte del trato. Inevitablemente no pudieron prever que Blair ganaría tres elecciones generales consecutivas para los laboristas en 1997, 2001 y 2005, algo sin precedentes, y que por lo tanto mantendría en el poder a su partido por un periodo que tal vez sea de trece años, imponiendo un récord.

El reto clave para el Nuevo Laborismo (como Blair lo bautizó con su don característico para adornar las cosas) era el manejo de la economía británica. Desde la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los gobiernos británicos trataron de manipular la economía con el fin de obtener beneficios de corto plazo para sus partidos, aunque generalmente con un efecto desastroso a largo plazo. Esta lamentable tradición era común a los conservadores y los laboristas y sin embargo, injustamente, fue el Partido Laborista el que resultó más afectado por la mala fama de que no podía confiársele el manejo de la economía.