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¿Es la independencia de los bancos centrales tan importante como se cree?

Alan Greenspan alcanzó un estatus casi icónico como gobernador de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Así, a medida que su gestión llega a su fin y que el manto de infalibilidad pasa a su sucesor, vale la pena examinar si su legado será satisfactorio y qué podemos esperar del nuevo jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke.

A pocos gobernadores de bancos centrales se les ha prodigado la hagiografía que se le ha dedicado a Greenspan, sobre todo en vida. Pero, ¿qué es lo que hace que un gobernador de banco central sea extraordinario en nuestras sociedades modernas, las instituciones extraordinarias o los individuos extraordinarios?

En economía, rara vez hay algo definido que nos permita saber cómo habrían sido las cosas de otra forma. ¿Habría tenido la economía un desempeño mejor o distinto si alguien más hubiera estado a la cabeza? No lo podemos saber, pero hay pocas dudas de que quienes "administran" la economía reciben más crédito del que merecen y en ocasiones menos culpa.

Muchas de las fuerzas que estuvieron detrás del auge de los noventa, incluyendo los avances en la tecnología, se pusieron en marcha antes de que Bill Clinton llegara a la presidencia (de la misma forma que el legado de los déficits del Presidente George Bush se seguirá sintiendo mucho después de que salga). Así, a Greenspan no se le puede dar el crédito por el auge. Pero, si bien ningún gobernador de banco central puede garantizar la prosperidad económica, una mala administración puede provocar enormes daños. Muchas de las recesiones en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos se debieron a que la Reserva Federal aumentó demasiado y muy rápido las tasas de interés.