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El próximo choque para el Iraq será la terapia de choque

La aventura iraquí del Presidente Bush ha estado caracterizada por fracasos repetidos, con una excepción: la "victoria" militar propiamente dicha, que cada vez parece más pírrica. Se han encontrado escasos rastros de armas de destrucción en gran escala y, según David Kay, jefe de los inspectores de armas de los Estados Unidos, o no existieron los arsenales o fueron destruidos hace años. Así, pues, Bush se limitó a pasar por alto los datos, recogidos por los inspectores de las Naciones Unidas, dirigidos por Hans Blix, y parece que las pruebas en que basó su argumentación en pro de la guerra fueron en gran medida inventadas.

Peor aún: ahora está claro que Bush nunca tuvo un plan para la posguerra. En lugar de paz y democracia, la situación en el Iraq sigue siendo tan peligrosa, que Paul Bremer, el dirigente de la ocupación americana, está aduciendo la inestabilidad como argumento para no celebrar elecciones democráticas en este año.

Naturalmente, los Estados Unidos intentaron mantener el orden real en algunos lugares, con lo que revelaron lo que de verdad valoraban en el Iraq. Cuando cayó Bagdad, se apresuraron a proteger al ministro encargado del petróleo, mientras que se permitieron los saqueos en los museos y los hospitales.

Si no hubo corrupción descarada en los contratos adjudicados a Halliburton, empresa en tiempos presidida por el Vicepresidente Dick Cheney, y que ascienden a 7.000 millones de dólares, no cabe duda de que hubo un fuerte olor a capitalismo amiguista. Desde entonces Halliburton y sus filiales han afrontado acusaciones de especulación aprovechando la guerra y han tenido que devolver millones de dólares al Gobierno de los Estados Unidos.