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La oscura política presidencial de Irán

WASHINGTON, DC – La decisión del ex presidente iraní Mohammad Khatami de no volver a buscar la presidencia ha revelado lo intrincada que es hoy la política presidencial iraní. Al intentar sortear este embrollo, lo más importante a tener en cuenta no es tanto quién será elegido, sino qué es lo que revelará la elección sobre las intenciones del Líder Supremo del país, el ayatollah Ali Khamanei.

Desafortunadamente, el resultado más factible será una continua transformación de la República Islámica, de un gobierno civil en un estado militar en el que el ejército juega un papel importante a la hora de determinar cuestiones políticas y económicas.

Quién ganará la elección, en realidad, es impredecible, pero no porque Irán sea democrático. El ayatollah Khamenei, que también es comandante en jefe de las fuerzas armadas, supervisa los organismos que controlan la elección: el Consejo Guardián y el Ministerio del Interior, que supervisan el proceso electoral, y la milicia Basij y la Guardia Revolucionaria (IRGC, tal su sigla en inglés), que extraoficialmente controlan las urnas y el proceso de recuento de votos.

Encuestas recientes revelan que la creciente impopularidad del actual presidente, Mahmoud Ahmadinejad, surge principalmente de sus políticas económicas. Si bien los precios del petróleo alcanzaron un récord sin precedentes en 2008, el desempleo y la inflación (ahora del 31%) están fuera de control y el gobierno enfrenta un déficit presupuestario de 44.000 millones de dólares. El sector público representa aproximadamente el 80% de la economía y se basa principalmente en los ingresos del petróleo que hoy se derrumban, mientras que los bancos iraníes hacen frente a una crisis crediticia y Mahmoud Bahmani, el gobernador del Banco Central de Irán, estima que los pagos totales en mora serán de 38.000 millones de dólares.