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El Irán en pie de guerra

BERLÍN – Mientras Europa sigue ensimismada en su crisis a cámara lenta y otras potencias mundiales siguen fascinadas por el extravagante espectáculo de los innumerables esfuerzos que hacen los funcionarios europeos para rescatar el euro (y, con él, el sistema financiero mundial), una vez más se van acumulando nubarrones de guerra sobre el Irán.

Durante años, el Irán ha estado ejecutando un programa nuclear y desarrollando misiles de largo alcance, de lo que sólo se puede sacar una conclusión: los dirigentes de ese país están empeñados en construir armas nucleares o al menos alcanzar el umbral tecnológico más allá del cual sólo una decisión política es necesaria para lograr ese fin.

Se puede sostener que esta última vía  mantendría al Irán dentro del ámbito de aplicación del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (TNP), del que es signatario, pero no puede haber duda razonable sobre las intenciones de los dirigentes iraníes. De lo contrario, los programas nuclear y de misiles del Irán serían un inútil despilfarro de dinero. Al fin y al cabo, el Irán no necesita una tecnología para enriquecer el uranio. El país sólo tiene un reactor nuclear civil, con barras de combustible proporcionadas por Rusia y no se puede utilizar en él la tecnología iraní que se está desarrollando ahora.

Pero el enriquecimiento de uranio tiene mucho sentido, si lo que se quiere conseguir es un arma nuclear; de hecho, para ese fin el enriquecimiento es indispensable. Además, el Irán está construyendo un reactor de agua pesada, supuestamente para fines de investigación, pero que también es necesario para construir una bomba de plutonio.