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La carrera de fondo de la diplomacia

MADRID – El acuerdo nuclear con Irán es un fruto espléndido de aquéllos que apostaron por la diplomacia para acabar con un problema que parecía irresoluble. Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, China, Rusia, la Unión Europea e Irán han puesto de manifiesto el valor que tiene la constancia en las negociaciones. La Unión Europea, que inició estas conversaciones, debe sentirse orgullosa de su labor hasta el último día.

El último impulso que el presidente Obama ha dado a las conversaciones y la persistencia del secretario de Estado, John Kerry, al que hemos visto día tras día, incluso con muletas, tratando de resolver una enemistad de 35 años de duración es especialmente remarcable.

De igual modo, Hasan Rohaní ha demostrado su determinación para completar su tarea de negociador, iniciada hace más de diez años, cuando era secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional iraní.

Nos conocimos en el año 2003, sentados en la mesa de las primeras negociaciones, en las que solo estábamos los europeos, y comprobé su empeño en lograr un acuerdo. La llegada de Ahmadineyad a la presidencia de la República situó el proceso en un grado de dificultad mucho mayor que condujo a la imposición de sanciones. Sin duda, las elecciones que llevaron a Rohaní al poder abrieron una puerta de esperanza. Rohaní me invitó a su toma de posesión como Presidente, el 4 de agosto de 2013. En aquellos días tuve varias reuniones con él, con los líderes más significativos de Teherán y con Mohammad Zarif, que fue nombrado Ministro de Exteriores y más adelante negociador en Viena. Comprendí que con ellos era posible llegar a un acuerdo.