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El islam democrático de Indonesia

NUEVA YORK – Uno de los fines, tan importante como todos los demás, de la visita de “Barry Obama”, el apodo que recibe en Indonesia el ex residente y actual Presidente de los Estados Unidos, a Yakarta es el de celebrar los logros del mayor país con mayoría musulmana del mundo. En los doce años transcurridos desde su transición a la democracia, Indonesia ha celebrado regularmente elecciones locales y nacionales, ha desarrollado un mercado libre que funciona y ha fortalecido su cultura de tolerancia con las minorías cristiana, hindú, budista y china.

De los diez miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental, sólo Indonesia recibe la clasificación de “libre” por parte de la Freedom House. Las Filipinas, con mayoría católica, la budista Tailandia y la confuciana Singapur van a la zaga de Indonesia en la concesión de derechos democráticos básicos a sus ciudadanos. Así, pues, las autoridades americanas han dirigido la vista a Indonesia como modelo para el resto del mundo musulmán, pero, ¿qué enseñanzas se desprenden de la democracia indonesia?

La más importante es la de que las organizaciones islámicas pueden constituir la columna vertebral de una sociedad civil tolerante. Muhammadiyah y Nahdlatul Ulama (NU), instituciones islámicas de masas con más de 30 y 40 millones de miembros, respectivamente, regentan más de 10.000 escuelas y centenares de hospitales, además de organizaciones juveniles y movimientos de apoyo a las mujeres. Las dos tienen vínculos con partidos políticos, la mayoría de los cuales se han pronunciado en pro de la democracia y contra un Estado islámico.

De hecho, Syafi’i Ma’arif, ex presidente de Muhammadiyah, ha formulado argumentos pluralistas, basados en el Corán, contra la obediencia ciega a la jurisprudencia islámica clásica. Abdurrahman Wahid, ex presidente de la NU, abogó durante decenios por el respeto al pluralismo religioso y desempeñó un papel decisivo en la movilización de la oposición democrática al dirigente autoritario Suharto. Un tercer intelectual islámico, Nurcholish Madjid, pidió la “desacralización” de la política en el decenio de 1970, abogó por la democracia multipartidista genuina en el decenio de 1990 e instó a Suharto a dimitir en 1998.