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Beneficios sociales en la era de Uber

PARÍS – Cuando se trata de compensación, la empresa para la que usted trabaja suele importar más que lo bien que usted se siente haciendo lo que hace. En 2013, el empleado promedio de Goldman Sachs, el banco de inversión, ganaba 383.000 dólares -mucho más de lo que el empleado de mejor desempeño en la mayoría de las empresas puede aspirar a llevarse a casa.

Las diferencias salariales entre las empresas son considerables. Una investigación realizada por Jason Furman, principal asesor económico del presidente estadounidense, Barack Obama, y Peter Orszag, ex director de presupuesto de Obama, ha determinado que las diferencias salariales, cada vez mayores, son la causa principal de la creciente desigualdad salarial de Estados Unidos en las últimas décadas. Representan un porcentaje mayor del incremento en la desigualdad de ingresos general que las diferencias salariales dentro de las empresas o el ingreso de capital.

En el otro extremo del espectro, muchos participantes de la fuerza laboral tienen contratos temporarios, trabajan para firmas pequeñas o son autónomos. Algunos combinan diferentes empleos al mismo tiempo. Si, como esperan muchos, se desarrolla la llamada economía compartida, seguramente crecerán en número. Esos trabajadores no se benefician de la seguridad laboral y, por lo general, ganan menos.

Los países emergentes ofrecen el ejemplo de una desigualdad evidente entre los empleados en el sector formal -empresas como Petrobras en Brasil e Infosys en India- y aquellos que trabajan en la economía informal. Pero inclusive en las economías avanzadas, donde la protección social tiene un alcance amplio, el acceso a los beneficios dista de ser equitativo. Los empleados de empresas grandes y rentables tienden a tener una mejor cobertura médica, pensiones más generosas y un acceso más fácil a la capacitación. Es más, algunos beneficios -por ejemplo, la licencia por paternidad- están condicionados a la antigüedad dentro de una compañía.