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El ascenso cauteloso de India

PARÍS – Algunos países se sienten naturalmente a gusto con el concepto y la realidad del poder estratégico. Ese fue claramente el caso de Francia durante el reinado de Luis XIV, del Rey Sol en el siglo XVII y hoy de China, cuyo liderazgo se siente cómodo con los juegos de equilibrio de poder de la Europa clásica.

India está claramente en una categoría diferente. En términos económicos, la confianza de India se vio estimulada por la manera en que hoy la ve el mundo occidental, con una mezcla de respeto y codicia: "¿Qué tipo de acuerdos puedo cerrar con un mercado emergente de este tipo, cuya población pronto será la mayor de cualquier país del mundo?"

Sin embargo, para entender la relación política y diplomática de India con el mundo exterior, la comparación más esclarecedora es con Estados Unidos en 1920. Al igual que Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial, India se está dando cuenta de que su estatus y su papel en el mundo han sufrido profundas transformaciones en las dos últimas décadas. Y, al igual que Estados Unidos entonces, India no se siente naturalmente a gusto con la noción de ejercer el poder global.

La historia y la cultura de India, desde Asoka, su emperador mítico en el siglo III a.C, hasta Gandhi, la llevan a enfatizar la ética y considerarse una nación "excepcional" en su relación con el mundo. A diferencia de China, a India le cuesta adaptarse a su condición de "gran potencia" emergente. Por supuesto que sería una exageración burda hablar de un "complejo de inferioridad" indio. Y aún así India constantemente se mide contra China, sigue obsesionada con Pakistán y recientemente comenzó a analizar con mirada más crítica su relación con Estados Unidos.