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El segundo impulso de Manmohan Singh

NUEVA DELHI – En el mes de septiembre, el afable primer ministro de la India, Manmohan Singh, cumplió 80 años.  Este fue el momento en el que dio vuelta una página: después de que durante meses cada crítico con una tribuna improvisada lo ridiculizó por su indecisión, debilidad y por presidir la “parálisis de políticas”, mientras que supuestamente sus colegas corruptos en el gobierno se llevaban la plata del país, Singh audazmente tomó la iniciativa. Una serie de anuncios de reforma, y ​​un poco de comunicación franca con el público, han puesto de relieve su nuevo mensaje: “yo estoy a cargo”.

Los pasos iniciales que ha anunciado son impresionantes. Se han revisado varias disposiciones controvertidas que se incluyeron en el último presupuesto del gobierno. Se permitirá el ingreso de inversión extranjera directa al sector minorista y al sector de la aviación civil – el costo para el gobierno de estas decisiones audaces es la pérdida del apoyo de una coalición aliada recalcitrante.

Asimismo, el gobierno ha reducido los subsidios al diesel y al gas de cocina, medidas que causaron una oposición vociferante, incluyendo una huelga de un día que paralizó el país. También se preparan más reformas, mismas que mandan una señal inequívoca que afirma que la India no está lista para ser dada de baja, como parecía anteriormente ocurrir, en medio de historias acerca de salidas de inversionistas y rebajas de la calificación crediticia.

El renacimiento de Singh el reformador se produjo después de una larga espera. Como ministro de Finanzas en el año 1991, Singh desató la liberalización de la economía de la India. “Ningún poder sobre la tierra”, dijo en una frase memorable ante el Parlamento, citando a Víctor Hugo, “puede detener una idea cuyo tiempo ha llegado”.