marder3_FADEL SENNAAFP via Getty Images_ukrainewar Fadel Senna/AFP via Getty Images

La implosión de la historia

VITORIA-GASTEIZ – Se supone que los filósofos comprenden los acontecimientos y los fenómenos desde un punto de vista bastante distanciado de una postura subjetiva, ya que lo hacen teniendo en cuenta modelos teóricos y precedentes que les son de utilidad. Sin embargo, la situación en Ucrania ha hecho que para mí sea difícil tomar dicha distancia. Además de que más de la mitad de mi familia proviene de Ucrania, desde hace tiempo he estado preocupado, tanto filosófica como personalmente, con el tema de las amenazas nucleares y radiactivas, concentrando mi atención en la planta de energía de Chernóbil y el uso de armas nucleares.

No obstante, las circunstancias actuales exigen tener un pensamiento claro. Como sostuve en mi libro publicado en el año 2021, Senses of Upheaval, más precisamente en un capítulo titulado “El colapso inconcluso de la Unión Soviética”, necesitamos desarrollar “una filosofía sólida de la historia” que sea capaz de dar cuenta de “brechas históricas, así como de procesos subterráneos prolongados y desfases temporales entre causas y efectos”.

La urgencia de esta tarea en la actualidad se ha tornado en dolorosamente evidente. Estamos presenciando el resultado del desfase temporal entre el fin oficial de la URSS en el año 1991 y sus legados remanentes no solucionados. Esos legados remanentes no sólo son responsables de la guerra en Ucrania, sino también del conflicto de lenta ebullición entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, y del trágico destino de Bielorrusia. Asimismo, el arsenal nuclear soviético que Ucrania aceptó transferir a Rusia poco después de convertirse en un Estado independiente se encuentra constantemente al acecho como trasfondo.

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