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Cuando los diplomáticos se comportan mal

NUEVA YORK – Los diplomáticos suelen ser gente discreta que no busca publicidad, pero últimamente fueron noticia, por malas razones. Los recientes arrestos de dos diplomáticos en sus respectivos países anfitriones pusieron sobre el tapete la justificación y los límites de la inmunidad que estos funcionarios suelen tener respecto de las leyes locales.

El primer caso involucró a Dmitri Borodin, consejero de la embajada rusa en La Haya, quien en octubre del año pasado fue arrestado a altas horas de la noche después de que sus vecinos denunciaron a la policía holandesa que Borodin, presuntamente borracho, estaba golpeando a sus dos hijos pequeños. Los agentes ingresaron a su residencia, lo esposaron y se lo llevaron al destacamento policial.

La Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas estipula que los diplomáticos gozan de inmunidad respecto de las leyes del país anfitrión, de modo que el presidente ruso Vladímir Putin exigió inmediatamente una disculpa oficial del gobierno holandés. Otro político ruso y conocido agitador, Vladímir Zhirinovsky, convocó a sus seguidores a romper las ventanas de la embajada holandesa en Moscú. Una semana después, unos matones armados dieron una paliza a un diplomático holandés en su casa de Moscú (no se ha demostrado que entre ambos hechos exista conexión).

El incidente no podía suceder en peor momento: fue poco antes de la visita a Rusia del rey Guillermo Alejandro de Holanda para celebrar las relaciones entre ambos países en el marco del “año de la amistad ruso-holandesa”. Así que el ministro de relaciones exteriores de Holanda tuvo que pedir disculpas a Rusia por la conducta de la policía holandesa y Rusia llamó a Borodin a Moscú.