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La idiotez de los valores olímpicos

NUEVA YORK – No debería sorprender a nadie que los preparativos para los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia, hayan resultado inmensamente costosos y estén plagados de corrupción. Pero la magnitud del exceso, de todas maneras, es espeluznante. El costo de construir pistas de esquí, pistas de hielo, caminos, salones y estadios para deportes de invierno en un complejo subtropical del Mar Negro ha superado con creces los 50.000 millones de dólares. Los críticos dicen que la mitad de este dinero fue robado o se pagó en concepto de sobornos a los amigos del presidente Vladimir Putin, quienes suelen ser los que ganan los mejores contratos.

Un crítico, un empresario ruso de nombre Valery Morozov, sostiene que funcionarios de la propia oficina de Putin pidieron sobornos a cambio de contratos. Después de recibir la amenaza de que "lo ahogarían en sangre", Morozov huyó del país.

Ahora bien, ¿qué se podía esperar en un país en el que las grandes empresas, el crimen organizado y la política coinciden tantas veces? Pero, dejando de lado la gran escala, Rusia no es el único país en el que los deportes olímpicos, las carreras de Fórmula 1 (que también se llevará a cabo más avanzado el año en Sochi) o el fútbol de la Copa del Mundo son una bendición para el robo y los chanchullos.

Otro tema son las leyes inadmisibles de un país anfitrión, que pueden hacer que una competencia deportiva internacional parezca indecorosa. Las leyes raciales de la Alemania nazi ya estaban firmemente en práctica cuando se llevaron a cabo las Olimpíadas de Berlín en 1936, al igual que las restricciones a la libertad de expresión en China en 2008. Rusia, por su parte, adoptó una prohibición a la "propaganda homosexual" -una ley patrocinada por Putin que es absurda y a la vez tan imprecisa que se podría utilizar para arrestar a cualquier persona considerada un inconveniente para las autoridades.