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Los bancos que se comieron a la economía

LONDRES – EL gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, sorprendió a su audiencia en una conferencia el año pasado cuando especuló que los activos de la banca en Londres podrían crecer hasta más de nueve veces el PIB británico para 2050. Su pronóstico representó la simple extrapolación de dos tendencias: la continua profundización financiera en el mundo (esto es, un mayor crecimiento de los activos financieros que de la economía real), y la continuidad de la participación londinense en los negocios financieros mundiales.

Puede tratarse de supuestos razonables, pero la estimación resultó profundamente inquietante para muchos. Alojar un enorme centro financiero, con bancos locales gigantescos, puede ser costoso para los contribuyentes. En Islandia e Irlanda, los bancos superaron la capacidad de sus gobiernos para apoyarlos cuando fue necesario. El resultado fue desastroso.

Más allá de los posibles costos de rescate, hay quienes sostienen que la hipertrofia financiera daña la economía real porque desvía talento y recursos que podrían utilizarse mejor en otras partes. Pero Carney sostiene que, por el contrario, el resto de la economía británica se beneficia por estar en medio de un centro financiero mundial. «Estar en el centro del sistema financiero mundial», dijo, «amplía las oportunidades de inversión para las instituciones que protegen los ahorros británicos y refuerza la capacidad de las industrias manufactureras y creativas del RU para competir en forma global».

Ciertamente, ese es el supuesto sobre el cual se ha construido el mercado londinense y la línea argumental que propagaron sucesivos gobiernos. Pero ha entrado en la línea de fuego.