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Es tiempo de actuar en Oriente Medio

LONDRES – El anuncio, luego del uso de armas químicas en Siria, de una cumbre de emergencia de los líderes militares de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Turquía, Arabia Saudita y Qatar esta semana en Jordania es bienvenido. La política occidental está en una encrucijada: comentario o acción; forjar los acontecimientos o reaccionar cuando suceden.

Después de las largas y dolorosas campañas en Irak y Afganistán, entiendo todo impulso por mantenerse alejado de la tormenta, por observar pero no intervenir, por subirle el tono al discurso pero no involucrarse en la tarea dura y hasta hostil de cambiar la realidad en el terreno. Pero tenemos que entender las consecuencias de retorcerse las manos en lugar de ponerlas a trabajar.

La gente hace una mueca de dolor ante la sola idea de una intervención. Pero analizar las consecuencias futuras de la inacción basta para estremecernos: Siria, atrapada en una carnicería entre la brutalidad de Bashar al-Assad y varios socios de Al Qaeda, un caldo de cultivo para un extremismo infinitamente más peligroso que Afganistán en los años 1990; Egipto, sumido en el caos y Occidente, aunque inmerecidamente, dando la impresión de estar ayudando a quienes lo convertirían en una versión sunita de Irán; y el propio Irán, a pesar de su nuevo presidente, siendo todavía una dictadura teocrática, con una bomba nuclear. Occidente se vería confundido, sus aliados estarían consternados y sus enemigos, envalentonados. Es un escenario que roza la pesadilla, pero no es descabellado.

Empecemos por Egipto. Para muchos en Occidente, es evidente que el ejército egipcio ha destituido a un gobierno elegido democráticamente y ahora reprime a un partido político legítimo, matando a sus seguidores y encarcelando a sus líderes. De modo que vamos camino a condenar al nuevo gobierno al ostracismo. Al hacerlo, pensamos que defendemos nuestros valores. Entiendo absolutamente esta visión. Pero adoptarla sería un grave error estratégico.