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¿Quién ama a China?

NUEVA YORK – Decenas de miles de personas han estado “ocupando” las calles, llenas de gases lacrimógenos, del distrito Central de Hong Kong para luchar por sus derechos democráticos. Muchas más pueden unírseles. Aunque algunos hombres de negocios y banqueros están molestos por esa perturbación, los manifestantes tienen razón en protestar.

El Gobierno de China ha prometido a los ciudadanos de Hong Kong que podrán elegir libremente a su Jefe Ejecutivo en 2017, pero, como los candidatos van a ser examinados cuidadosamente por un comité cuyos miembros no serán elegidos democráticamente, sino nombrados por ser prochinos, los ciudadanos no tendrían posibilidad alguna de elegir de verdad. Sólo personas que “amen a China” –es decir, al Partido Comunista Chino (PCC)– deben presentarse.

Casi podemos entender por qué los dirigentes de China han de estar desconcertados por esa muestra de desafío en Hong Kong. Al fin y al cabo, cuando Hong Kong era aún una colonia de la Corona, los británicos se limitaban a nombrar a los gobernadores y entonces nadie protestaba.

De hecho, el acuerdo que los súbditos coloniales de Hong Kong parecieron aceptar –el de dejar la política de lado a cambio de la oportunidad de perseguir la prosperidad material en un ambiente seguro y ordenado– no es tan diferente del aceptado por las clases instruidas de la China actual. La opinión común entre los funcionarios coloniales, los hombres de negocios y los diplomáticos británicos era la de que, todos modos, los chinos no estaban interesados de verdad en la política; lo único que les interesaba era el dinero.