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Algunas verdades sobre la inmigración

Algo extraño sucedió en las campañas electorales europeas de este año. En Francia y Alemania, Holanda y Suecia, el tema principal en la mente de muchas personas (la inmigración) se ignoró o se exageró. Los partidos establecidos casi parecían tener un pacto no escrito para restarle importancia.

La actitud prevaleciente parecía ser "no debemos tocar este tema tan sensible durante las campañas", como si el periodo de mayor conciencia política que generan las campañas no debiera utilizarse para discutir controversias serias. Como resultado, llegaron partidos marginales con lemas en el sentido de que los países estaban "inundados" de inmigrantes y de que era necesario conservar la "pureza" de las naciones. ¿Acaso podemos culpar a los electores por sospechar del silencio de la mayoría política e incluso por dejarse engañar por el alarmismo de los marginales?

Ya es tiempo (de hecho se está haciendo tarde) de que quienes creen en el discurso político liberal e ilustrado defiendan su causa. Es necesario recordar algunas verdades acerca de la migración y derivar las consecuencias necesarias. He aquí cinco de esas verdades, o en cualquier caso, cinco temas de discusión.

Primero, la emigración no es algo divertido. Como regla, la gente no deja sus hogares por capricho o por espíritu aventurero. En general, buscan escapar de la falta de esperanzas, como lo hicieron muchos europeos cuando dejaron sus hogares en los siglos XIX y XX, a menudo con destino a los Estados Unidos. Ya sea que los motivos de los migrantes sean la opresión política o la pobreza extrema, es importante entender que el precio que están dispuestos a pagar es tan alto como fuerte es el impulso por salir.