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Haití y los límites de la generosidad

MELBOURNE – En todo el mundo, la gente ha respondido generosamente al devastador terremoto que sacudió a Haití. En sólo tres días, más de un millón de norteamericanos habían donado 10 dólares con la ayuda de mensajes de texto desde sus celulares. Gente de escasos recursos, como María Pacheco, una madre soltera desempleada de Chicago, donó alimentos y ropa.

Otros hicieron lo que pudieron –desde servicios de podología hasta lavados de autos- para recaudar dinero. Según las indicaciones actuales, la cantidad que los norteamericanos donarán para los esfuerzos de rescate en Haití podría superar los 1.900 millones de dólares que ofrecieron para asistir a las víctimas del tsunami asiático de 2004, que hasta ahora ha marcado un récord en materia de donaciones para un desastre fuera de Estados Unidos. Dado que Estados Unidos está atravesando difíciles tiempos económicos, la magnitud de la respuesta ha sorprendido a muchos.

La proximidad de Haití, más el hecho de que cerca de un millón de haitianos viven en Estados Unidos, explica en parte por qué los norteamericanos han respondido tan generosamente. Pero la respuesta ha sido mundial. En Melbourne, para el Abierto de Australia, Roger Federer, Serena Williams y otras estrellas realizaron un partido exhibición que generó donaciones de 600.000 dólares. En Ruanda, un grupo de trabajadores comunitarios del área de la salud, que ganan menos de 200 dólares por mes, recaudaron 7.000 dólares para Haití.

Todo esto plantea muchos interrogantes sobre cómo respondemos –y cómo deberíamos responder- ante este tipo de tragedias. El terremoto tuvo un saldo de hasta 200.000 muertos. Por terrible que resulte esa cifra, es menor que la de los chicos que, de acuerdo con UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, mueren cada 10 días por causas evitables vinculadas a la pobreza. Es más, como dijo Elie Hassenfeld en GiveWell.net, existen buenas razones para pensar que el auxilio en una catástrofe es menos costo-efectivo que la ayuda destinada a salvar las vidas de quienes corren peligro como consecuencia de la extrema pobreza.