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¿El acto final de Europa?

NUEVA YORK –  Los líderes de la Unión Europea continúan embarcados en un juego de política arriesgada con el gobierno griego. Grecia cumplió con las exigencias de sus acreedores en mucho más de la mitad. Sin embargo, Alemania y otros acreedores de Grecia continúan exigiendo que este país firme un programa que ha demostrado ser un fracaso, y que pocos economistas alguna vez pensaron que podría, llegaría a, o debería ser implementado.

La oscilación en la posición fiscal de Grecia, que va desde un gran déficit primario a un superávit fue un hecho casi sin precedentes, pero la exigencia que pide que el país alcance un superávit primario del 4,5% del PIB fue desmedida. Lamentablemente, en el primer momento cuando la “troika” – la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional –  incluyó esta exigencia irresponsable en el programa financiero internacional para Grecia, las autoridades del país no tuvieron más remedio que adherirse a la misma.

La insensatez de continuar promoviendo este programa es particularmente aguda hoy en día, tomando en cuenta la disminución del 25% de su PIB que Grecia ha sufrido desde el inicio de la crisis. La troika calculó erróneamente los efectos macroeconómicos del programa que impuso. Según los pronósticos publicados, creían que, mediante la reducción de los salarios y la aceptación de otras medidas de austeridad, las exportaciones griegas aumentarían y la economía podría volver rápidamente al crecimiento. Creían, también, que la primera reestructuración de la deuda llevaría a la sostenibilidad de la deuda.

La troika se equivocó en sus pronósticos, y de manera repetitiva. Y no por poco, sino por mucho. Los votantes de Grecia tenían razón al exigir un cambio de rumbo, y su gobierno está en lo correcto al negarse a firmar un programa profundamente defectuoso.