Gobiernos sin oposición

Las elecciones a mitad del periodo presidencial en Estados Unidos proporcionan el último ejemplo de un fenómeno en crecimiento: los gobiernos democráticos que no enfrentan un desafío eficaz por parte de una oposición. Más precisamente, este fenómeno abarca al creciente número de líderes políticos elegidos democráticamente que no tienen rivales alternativos que sean capaces de articular a los descontentos en una oposición viable.

Este fenómeno de ningún modo está confinado a lo una vez fue la derecha política. El Reino Unido vive actualmente lo que podría llamarse la autodestrucción del Partido Conservador de oposición. Por tercera vez en siete años los Tories están devorando a su propio líder, sin que haya a la vista un líder alternativo viable para el partido.

En Alemania, la estrecha victoria de Gerhard Schröder se está asegurando con la intensa búsqueda de chivos expiatorios que actualmente ocurre al interior de la oposición Demócrata Cristiana, así como debido al colapso moral del socio menor de la CDU, los Demócratas Liberales. En Francia y en Italia es posible encontrar paisajes políticos con un desequilibrio incluso más notorio; ni el Presidente Chirac ni el Primer Ministro Berlusconi deben temer a sus rivales... de hecho, ninguno tiene un rival del que podamos hablar.

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