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La productividad de la confianza

CAMBRIDGE – El premio Nobel de economía Paul Krugman alguna vez afirmó bromeando que "Canadá está esencialmente más cerca de Estados Unidos que de sí mismo". Después de todo, la mayor parte de sus ciudadanos vive en una estrecha faja a lo largo de las más de 3.000 millas de frontera. Es decir, cada canadiense vive más cerca de un mayor número de estadounidenses que de otros canadienses.

Lo mismo se puede afirmar sobre empresas y gobiernos. La mayor parte de ellas está más cerca del gobierno que de otras empresas: interactúan con mayor frecuencia con regulaciones y agencias gubernamentales que con el resto de la comunidad empresarial. La calidad de esta interacción y su evolución a través del tiempo probablemente sean los determinantes más fundamentales del potencial de un país para crecer y prosperar.

Pero ésta no es la weltanschauung - visión del mundo - que permea el discurso del sector privado, según se expresa en los puntos de vista de la gran mayoría de las cámaras de comercio e industria y de las asociaciones empresariales del mundo. Estas últimas con frecuencia se adhieren al dictamen de Ronald Reagan: "El gobierno no es la solución a nuestros problemas: el gobierno es el problema".

Esta es una frase de comercial: corta, recursiva y con un dejo poético. Por desgracia, también es peligrosamente engañosa. Al fin y al cabo, si el gobierno en realidad fuera el problema, entonces parte de la solución sería cambiar lo que el gobierno hace.