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Educación no es igual a aprendizaje

KUALA LUMPUR – Pese a los frecuentes llamados a promover la educación primaria universal y eliminar las disparidades de género, pocos países en desarrollo han hecho avances importantes en dirección a esos objetivos. Por ejemplo, si bien durante la era de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000‑2015) el sur de Asia obtuvo un progreso sustancial hacia el logro de la paridad de género, la región todavía es la segunda con más niños no escolarizados en el mundo, y no alcanza los estándares internacionales en diversos indicadores clave.

De los diez millones de menores de la región que no reciben educación formal, la mayoría son niñas, y esto se debe a la falta de escuelas, la pobreza, la amenaza de la violencia y las costumbres sociales. El progreso ha sido especialmente lento en países como Pakistán y Afganistán, donde los valores patriarcales y las normas culturales tradicionales militan contra la educación de las niñas.

En Afganistán, la situación de las mujeres empeoró drásticamente bajo el dominio talibán entre 1996 y 2001. Se prohibió la educación pública de las niñas, y muchas escuelas femeninas estatales se convirtieron en instituciones reservadas a los varones. La tasa bruta de escolarización femenina cayó de 32% a sólo 6,4% en 2001, momento en el cual hasta 1,5 millones de menores tenían vedado el acceso a la escuela. La tasa de alfabetismo de las mujeres afganas se derrumbó a un 3% en los distritos rurales. Con pocas oportunidades de obtener habilidades, miles de jovencitas se vieron forzadas al matrimonio prematuro.

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