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Actuar correctamente en el norte de África

TÚNEZ – Como un volcán latente durante mucho tiempo que de pronto entra en erupción, las revoluciones que han barrido el norte de África –sobre un fondo de buenos resultados económicos– tomaron por sorpresa a todo el mundo. Antes de la explosión, el crecimiento anual del PIB en esa región había ascendido por término medio a un excelente 4,6 por ciento durante un decenio, con una gran mejora consiguiente de los indicadores de desarrollo humano.

Pero ese crecimiento era en ciertos sentidos engañoso, porque ocultaba problemas que llevaban mucho tiempo formándose bajo la superficie: un desempleo en aumento, en particular entre la juventud de la región, y represión política, cuestiones que al final crearon una situación explosiva. En Túnez, cuya revolución prendió el fuego del cambio que se extendió rápidamente por toda la región, los jóvenes representan el 70 por ciento del desempleo total. Las estadísticas son similares en Egipto y Libia.

El denominador común de toda la región es el de que, si bien sus economías crecían, no pudíeron crear puestos de trabajo suficientes. Así se ha formado una generación de jóvenes desafectos, subempleados o desempleados, incluido un gran número de recién licenciados universitarios. En última instancia, todos los niveles de la sociedad, catalizados por las acciones de jóvenes inquietos y desfavorecidos, se agruparon para pedir un cambio y reformas. En todo el norte de África, las poblaciones han hablado resonantemente con los pies... y siguen haciéndolo.

Hay mucha buena voluntad con miras a lograr un dividendo democrático para esos países y, naturalmente, sin dejar de atender las aspiraciones de sus poblaciones, pero, ¿cómo deben reaccionar exactamente las autoridades de la región?