ttp protests Sascha Schuermann/Stringer

El extraño giro de Alemania contra el comercio

BERLÍN – La ventana de oportunidad para completar la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (ATCI) entre Estados Unidos y la Unión Europea se está cerrando a pasos acelerados. Este año y el próximo se llevarán a cabo elecciones nacionales en Estados Unidos, Francia y Alemania, y las campañas se desarrollarán en un contexto cada vez más hostil a los acuerdos internacionales de cualquier tipo. El mayor riesgo podría provenir de la fuente menos pensada: Alemania, una usina exportadora.

Tal como están las cosas, el 70% de los ciudadanos alemanes se oponen a la ATCI, casi el doble del promedio de otros países europeos. Creen, de manera casi unánime, que Alemania no se beneficiará económicamente, que los salarios de los trabajadores menos calificados se verán afectados, que las grandes corporaciones ganarán poder a expensas de los consumidores, que la protección de datos y del medio ambiente resultará comprometida y que los derechos de los ciudadanos se verán debilitados.

Pero muchos estudios han demostrado que todos estos argumentos son exagerados o directamente erróneos. Por cierto, Alemania -cuyo progreso económico desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se debió a su constante apertura al comercio internacional y la integración económica, y que sigue siendo una de las economías más abiertas y dependientes del comercio de Europa- estaría entre los principales beneficiarios de la ATCI.

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