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Aprovechar el potencial de la presidencia de China en el G20

NUEVA YORK – En las preliminares para la cumbre del G20 en septiembre en Hangzhou, China, se ha hablado mucho sobre la necesidad de fortalecer la cooperación macroeconómica global y reformar el sistema monetario internacional. Si bien de ningún modo es la primera vez que se plantean estos temas (por ejemplo, en 2011 Francia propuso la reforma monetaria, pero le salió al paso la crisis de la eurozona), puede que ahora sea el momento para dar pasos genuinos.

La economía global de hoy está plagada por la incertidumbre. Últimamente, la inconsistencia de los datos ha sembrado dudas sobre la solidez de la economía de Estados Unidos. En el caso de Japón, la información es todavía más errática. La Unión Europea no sólo se enfrenta a una recuperación que sigue siendo débil, sino también a la posibilidad de perder a Gran Bretaña como miembro.

Mientras tanto, el mundo emergente vive una aguda desaceleración económica. En particular, China es un riesgo importante, ya que muchos temen que su desaceleración sea más acusada de lo previsto. Esta situación ha motivado a que muchos saquen sus capitales del país, generando una fuerte presión a la baja sobre el renminbi.

Esto subraya otra fuente de incertidumbre actual: los tipos de cambio. Las principales monedas del mundo han tenido problemas en los últimos años: el euro sufrió una importante baja en 2014-15, el dólar estadounidense bajó después de que la Reserva Federal diera señales de querer postergar el aumento de sus tipos y ahora la libra británica ha ido cayendo por la incertidumbre en torno al referendo sobre su calidad de miembro de la UE. Incluso ha habido quienes han planteado sospechas de que existe una devaluación competitiva.