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La financiación de la revolución de de la reducción de las emisiones de carbono

PRETORIA – Los dos imperativos que caracterizan nuestra época son la lucha contra el cambio climático y la superación de la pobreza en el mundo. No podemos triunfar en uno sin hacerlo en el otro. Con la colaboración internacional y políticas racionales, podemos lograr el éxito lanzando una nueva era de crecimiento económico con menores emisiones de carbono, al tiempo que nos adaptamos al cambio climático que está en marcha.

El apoyo financiero a los países en desarrollo desempeñará un papel decisivo en todas las medidas integradas. Las nuevas propuestas conocidas esta semana del informe del Grupo asesor de alto nivel sobre la financiación para hacer frente al cambio climático, nombrado por el Secretario General de las Naciones Unidas el pasado mes de febrero, puede contribuir al logro de avances con miras a la consecución del acuerdo en la conferencia de las NN.UU. sobre el cambio climático que se celebrará en Cancún (México), este mes.

El informe expone a grandes rasgos una estructura de políticas mediante las cuales se podrían conseguir, de aquí a 2020, al menos 100.000 millones de dólares al año procedentes de fuentes públicas y privadas para la adopción de medidas internacionales a fin de luchar contra el cambio climático. Ese objetivo figura en el Acuerdo de Copenhague, que ahora cuenta con al asentimiento de 140 países. Si resulta necesaria una meta mayor, se pueden intensificar las medidas descritas.

Si no se luchara contra el cambio climático, éste transformaría tanto el planeta, que al final de este siglo centenares de millones de personas tendrían que abandonar los lugares en los que viven, lo que probablemente propiciaría conflictos muy graves y durante mucho tiempo. Los países y las comunidades pobres son los más vulnerables y han sido los menos responsables del problema. Los países ricos tienen la clara obligación de facilitar recursos suplementarios.