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El problema de los Estados Unidos con China

WASHINGTON, D.C. – Xi Jinping, Presidente de China recién ungido, hizo su primera visita a los Estados Unidos en mayo de 1980. Era un funcionario de 27 años de edad y de bajo rango que acompañaba a Geng Biao, entonces Viceprimer Ministro y militar principal de China. Geng había sido mi anfitrión el mes de enero anterior, cuando fui el primer Secretario de Defensa de los EE.UU. que visitó China, como interlocutor en representación del gobierno de Jimmy Carter.

En aquella época, los americanos tenían pocos motivos para fijarse en Xi, pero sus superiores vieron claramente su valía. En los treinta y dos años posteriores, su importancia aumentó, junto con la fuerza militar y económica de China. El ascenso de su cohorte de edad a la cima del poder señala la jubilación de la última generación de dirigentes designados por Deng Xiaoping (aunque siguen teniendo influencia).

Pese al mayor peso de China en los asuntos mundiales, Xi afronta tensiones internas que vuelven a su país más frágil de lo que se suele creer. Su modelo económico, impulsado por la exportación, ha llegado a sus límites y la transición al crecimiento impulsado desde el interior está intensificando las fricciones internas. Afrontar el malestar mediante la represión resulta más difícil que en el pasado, pues la rapidez de la urbanización, la reforma económica y el cambio social agita a un país de 1.300 millones de personas. También los conflictos étnicos en regiones remotas pondrán a prueba el dominio político de Xi.

La política exterior de China es otro motivo de preocupación… en particular, para los EE.UU. La Historia nos enseña que las potencias en ascenso compiten inevitablemente con las que encabezan el status quo y que ese conflicto provoca con frecuencia guerras.