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Comercio libre, mano de obra libre, crecimiento libre

ADELAIDA – El sentimiento proteccionista y el miedo a la globalización están en aumento. En Estados Unidos, los candidatos presidenciales apelan a los votantes ansiosos echándole la culpa al Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (TLC) por la erosión de la base industrial del país. Las iniciativas de comercio liberales se han topado con escollos en el Congreso, mientras que se han discutido nuevas barreras comerciales para la ola de productos provenientes de China.

Las cosas no están mejor en Europa. Francia le impartió un golpe a la ronda de Doha de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) al rechazar el boceto de acuerdo sobre agricultura. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, cree que las presiones proteccionistas están aumentando.

Cuando se lanzó la ronda de comercio de Doha poco después del 11 de septiembre de 2001, abundaba la buena voluntad internacional. Pero el desencanto con la globalización -y, en algunas regiones, el miedo a la inmigración- se ha arraigado desde entonces. Una reciente encuesta de Financial Times/Harris en Estados Unidos, Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia y España determinó que existían casi tres veces más probabilidades de que la gente dijera que la globalización es negativa y no positiva.

El libre comercio conduciría a un impulso abrumador del bienestar en todas partes, pero especialmente en el mundo en desarrollo. Aprovechar estos beneficios es, potencialmente, uno de los grandes desafíos de esta generación. Un mayor sentimiento negativo podría tener el peor resultado posible: no sólo el fracaso de Doha, sino también el aumento de las barreras comerciales e inmigratorias.