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La revolución circular

DAVOS – En el siglo XVI, el astrónomo Nicolás Copérnico hizo un profundo descubrimiento: el sol, no la tierra, era el centro del universo conocido. En esa época, muchos denunciaron la perspicacia de Copérnico como herejía contra la doctrina católica establecida; eventualmente, por supuesto, la revolución copernicana abrió el camino hacia una nueva visión científica del mundo y mejoró la prosperidad de la humanidad.

Hoy, el mundo necesita un cambio de paradigma similar. Pero esta vez, es el modelo económico dominante el que debe ser transformado.

Para 2030, la clase media del mundo llegará aproximadamente a cinco mil millones de personas, que pretenderán las mismas oportunidades y comodidades que los ricos disfrutan desde hace mucho. Esto implicará una presión adicional sobre el medio ambiente y reducirá las existencias de recursos mundiales.

El problema es que el mundo mantiene desde hace mucho una mirada miope sobre la producción y el consumo de bienes de la manera más barata posible. El resultado es una economía lineal basada en el uso, la disposición y el reemplazo rápido de los bienes.