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La idea equivocada sobre Francia de François Hollande

LONDRES– El nuevo presidente de Francia, François Hollande ha logrado una impresionante serie de victorias políticas – tanto en el país como en Europa – desde que fue elegido el pasado mayo. Desafortunadamente, su racha de éxitos conducirá inevitablemente a llevar a cabo un ajuste de cuentas en lo económico que conmocionará a los aparentemente inocentes ciudadanos de Francia y condenará al fracaso al enfoque que tiene la elite francesa sobre la “construcción de Europa”.

Desde que ganó la presidencia, Hollande ha ganado una mayoría parlamentaria y ha empujado a Alemania para que se incline por aceptar responsabilidad compartida por las deudas de los países de la eurozona. Sin embargo, se han generalizado presagios de crisis en los círculos empresariales y económicos franceses.

Pero el peligro real – que puede incluso haber sido subestimado por los críticos más severos de Hollande – no es tanto sus fracasos políticos individuales (a pesar de que pudiesen ser serios) sino que es su abordaje frente a los dos desafíos paralelos que plantean los desequilibrios económicos de Francia y la crisis de la eurozona. En cada frente de forma separada, Hollande podría arreglárselas para salir del paso; pero, ambos desafíos en conjunto probablemente lleguen a solidificar la pérdida de competitividad de Francia.

La disminución de la competitividad se capta mejor en un solo indicador: los costos laborales unitarios, que miden el costo promedio de la mano de obra por unidad de producto. En una unión monetaria, las discrepancias en el crecimiento de los salarios en relación con las ganancias de productividad –es decir, los costos laborales unitarios – darán lugar a una acumulación crónica de excedentes o déficits en la balanza comercial.