Miedo y odio en Rusia y Georgia

La victoria de Mijail Saakashvili en las elecciones presidenciales de Georgia ha sido la previsible culminación de la "Revolución de las rosas" de noviembre, que obligó a Eduard Shevardnadze a dimitir después de más de un decenio en el poder. Una cuestión más complicada es la relativa a lo que debe esperar el vecino septentrional de Georgia, Rusia, del nuevo triunvirato de poder: Saakashvili, Nino Burdzhanadze y Zurab Zhvania.

Pese al malestar postsoviético de Rusia, este país ha influido virtualmente en el desarrollo internacional de Georgia en cada momento -incluida la dimisión de Shevardnadze, para la que se contó con la mediación del ministro de Asuntos exteriores ruso Igor Ivanov-, por lo que su opinión sobre los nuevos dirigentes de Georgia reviste una importancia geopolítica decisiva. Los tres dirigentes georgianos han declarado que las relaciones bilaterales constituyen una prioridad máxima y también en Rusia existe la esperanza generalizada de que su victoria contribuya a reparar los vínculos entre los dos países.

Pero también existe preocupación por algunas declaraciones antirrusas anteriores de esta nueva generación de dirigentes y el temor de que el Presidente Saakashvili lance una campaña militar para volver a someter las repúblicas escindidas de Abjazia y Osetia del Sur al gobierno de Tiflis. Como ha dicho el archinacionalista de Rusia Vladimir Zhirinovsky, "al menos Shevardnadze seguía siendo nuestro hombre", mientras que los nuevos dirigentes "provocarán un derramamiento de sangre en Abjazia y Osetia del Sur".

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