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El veto a Siria y sus implicaciones geopolíticas

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MADRID – El pasado dos de octubre, la disidencia siria daba luz verde en Estambul al establecimiento formal del Consejo Nacional de Siria. Sin duda, el paso más serio dado hasta el momento por una fragmentada oposición, que desde mayo buscaba aunar a todas las corrientes y dirigir de forma pacífica la revuelta contra Al Assad. Y una inyección de moral para la población, que reclamaba un interlocutor más fuerte y unificado.

Sólo dos días después de su creación, el embrionario Consejo se llevaría su primer gran revés. Francia, Reino Unido, Alemania y Portugal, en colaboración con Estados Unidos, presentaron ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el borrador de resolución que buscaba condenar la represión siria y poner fin al uso de la fuerza contra la población civil.

La propuesta contenía términos muy ambiguos como “medidas específicas”u otras “opciones”. Hacía hincapié en la soberanía, independencia e integridad territorial de Siria. Remarcaba la necesidad de resolver la actual crisis de forma pacífica, mediante un proceso político inclusivo liderado desde la propia Siria –llamando así al diálogo nacional. Expresaba su intención de reconsiderar las opciones en 30 días –frente a los 15 días del anterior borrador. Y en su conjunto, presentaba una redacción altamente edulcorada y vaga con respecto al texto presentado el pasado junio.