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Visión para los ciegos de Israel

PARIS – Se ha vuelto difícil encontrar un rayo de esperanza en el conflicto entre israelíes y palestinos. La mayoría de los israelíes creen que durante su generación no se llegará a ninguna solución. En cuanto a los palestinos, la parálisis política y la ocupación israelí actual han llevado a la radicalización: si no pueden tener "algo", entonces lo quieren todo.

Y muchos creen que, sean cuales sean sus actuales debilidades, el tiempo está del lado de los palestinos. Hasta los palestinos más moderados rechazan hoy los ofrecimientos de ayuda de los israelíes de izquierdas en términos de apoyo humano contra las acciones de la policía o los colonos israelíes. El diálogo político entre los moderados de ambos bandos se encuentra prácticamente en punto muerto y los contactos personales están en sus mínimos. En las calles de Jerusalén, israelíes y palestinos dan la impresión de intentar deliberadamente no ver la presencia del otro.

Más aún, a medida que Israel parece cada vez más un país desarrollado, sus ciudadanos judíos tienden a pasar por alto a sus ciudadanos árabes, igual como los ricos de otras partes del mundo tienden a no ver a los pobres que hay alrededor de ellos. Sin embargo, a diferencia de los pobres de muchos países desarrollados y emergentes que pueden esperar subir en la escala social, los árabes israelíes son ciudadanos de segunda clase, a pesar de que sus niveles de vida sigan siendo más altos que los de la mayoría de los árabes de la región. Como dice el Deuteronomio: "No solo de pan vive el hombre".

Esta recelosa ignorancia del otro se puede ver en todas partes en Israel. O casi en todas, ya que hay un lugar que escapa a esta realidad: el hospital. En junio pasado, debido a un problema ocular urgente tras mi llegada al país, tuve que pasar siete horas en el departamento de oftalmología del Hospital Hadassah en Ein Kerem, principal centro de tratamiento, enseñanza e investigación de Jerusalén.