Europa sin Turquía

AMSTERDAM – La mayoría de los ciudadanos europeos (por ejemplo, más del 60 por ciento en Francia y Alemania) creen que Turquía no debe pasar a formar parte de la Unión Europea. Hay varías razones para esa oposición, algunas válidas, otras basadas en prejuicios: Turquía es demasiado grande; los emigrantes turcos podrían inundar a los otros Estados miembros; Turquía no tiene una brillante ejecutoria en materia de derechos humanos; Turquía oprime a los kurdos; Turquía no ha resuelto sus problemas con Grecia sobre Chipre.

Pero la razón principal es, sin lugar a dudas, la de que se considera a Turquía, país de mayoría musulmana y gobernado por un partido musulmán, demasiado diferente. Como dijo el ex Presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, uno de los autores de la Constitución de la UE: “Turquía no es un país europeo”.

Resulta difícil de aceptar para los miembros de la minoría secular y occidentalizada turca, que han pasado decenios, si no más tiempo, intentando demostrar su bona fides europea. Como dijo recientemente un turco muy instruido que trabaja para una organización internacional: “Jugamos al fútbol con ellos, cantamos canciones con ellos en la televisión, hacemos negocios con ellos, hemos mejorado en materia de derechos humanos y hemos democratizado nuestra política. Hacemos todo lo que nos piden y, aun así, no nos quieren”.

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