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Europa gira a la derecha

AMSTERDAM -- ¿Qué ha sido de los buenos europeos, esas agradables personas de los pequeños países nórdicos que gustaban de considerarse los adalides del mundo en materia de libertad y tolerancia?

Naturalmente, muchos europeos progresistas siguen vivos y coleando, pero primero en Dinamarca, después en los Países bajos y ahora en Suecia, partidos populistas y antiprogresistas que infunden miedo a los inmigrantes –en particular, los inmigrantes musulmanes– han logrado poder suficiente para establecer los programas políticos de sus países o al menos influir en ellos.

Dichos partidos no son exclusivos de Escandinavia y de los Países Bajos, sino que forman parte de una ola mundial de irritación contra las minorías políticas selectas, a las que se reprochan todas las inseguridades que entraña la economía mundializada, la crisis financiera y la vida en sociedades étnicamente más mezcladas. La psicología que subyace al Tea Party en los Estados Unidos y a los partidos aintiinmigrantes en Europa es similar, aun cuando sus políticas varíen.

Los populistas europeos modernos no llevan camisas negras ni ejercen la violencia callejera. Sus dirigentes son jóvenes con trajes elegantes, que no utilizan un lenguaje racista, sino el de la libertad y la democracia.