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El público europeo y la guerra en contra del terrorismo

BERLIN: La coalición del Canciller Schröder apenas logró obtener el apoyo que necesitaba del Bundestag alemán para enviar tropas a ayudar en la campaña en contra del terrorismo internacional. En esta votación, sin duda, hubo circunstancias especiales, pero el esfuerzo que le costó al político más respetado y poderoso del país obtener el apoyo del parlamento alemán (así como a sus aliados de coalición, los Verdes), debería ser una advertencia para otros gobiernos occidentales en el sentido de no hacer de lado a sus públicos mientras se enfrascan en la dura campaña multianual en contra de los que planean y ejecutan los actos de terrorismo internacional.

En las semanas que siguieron a los ataques en contra del World Trade Center y del Pentágono, los gobiernos en toda Europa estaban seguros del apoyo del público. Eso cambió cuando empezó el bombardeo de los EU en contra de los talibanes. Las dudas en cuanto a la sensatez de la campaña de los EU se combinaron con el resentimiento al ver cómo una superpotencia mundial golpeaba continuamente a un país medieval devastado por décadas de guerra. Esas dudas se moderaron en cierta medida cuando la estrategia estadounidense comenzó a producir resultados. Sin embargo, con seguridad resurgirán y crecerán a medida que se diluyan los recuerdos del 11 de septiembre y que los esfuerzos para erradicar el terrorismo se topen con nuevas dificultades, retrasos y dilemas y posiblemente exijan operaciones militares riesgosas en otros lugares.

Mantener el apoyo popular dentro de los EU no es problema para el liderazgo de ese país. Los estadounidenses están aturdidos y enfurecidos por el ataque en contra de su adorada invulnerabilidad y están decididos a perseguir a los culpables con todos los medios a su disposición. El Presidente Bush ha hecho de ésta su máxima prioridad. Mientras él esté en la Casa Blanca, no cejará en ese empeño, como tampoco lo hará su pueblo.

No obstante, conservar el respaldo del pueblo sí será un problema en Europa occidental, entre los aliados más cercanos de Estados Unidos. Si ellos dejaran de apoyar a los EU, esta asociación trasatlántica única podría desintegrarse. Estados Unidos, como país herido, agradeció las muestras espontáneas de condolencia y solidaridad que brotaron del otro lado del Atlántico después del 11 de septiembre. Sin embargo, esto se convertiría en rechazo airado si Europa sembrara dudas sobre lo que los estadounidenses consideran en este momento como el reto más peligroso (si no es que el único) a la seguridad de la comunidad Atlántica.