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¡No debemos tener miedo!

PARIS – Europa tiene frente a sí un desafío de proporciones históricas: cómo enfrentar la peor crisis de refugiados en décadas. Al final de este año, se calcula que el número de personas que solicitarán asilo superará un millón. El costo humano de esta crisis de refugiados es alarmante; sin embargo, buena parte de las respuestas hasta el momento han sido titubeantes, aceptando por una parte la necesidad de hacer más, pero también la gravedad de las implicaciones.

Algunos políticos temen el impacto sobre las comunidades locales y los contribuyentes. Otros temen a los extremistas que podrían hacerse pasar por refugiados genuinos. Ante todo, muchos temen a la opinión pública, la cual, a pesar de las escenas conmovedoras de bienvenida y apoyo a los solicitantes de asilo, permanece indecisa e incluso hostil ante la posible llegada de un número mayor de migrantes provenientes de países devastados por la guerra y con problemas profundos, especialmente si profesan una religión distinta.

Los líderes europeos no pueden darse el lujo de tener miedo. La crisis de refugiados no es una crisis que puedan ignorar. No existe una varita mágica para resolver esta crisis, permitiendo a los líderes transportar a más de un millón de personas hacia Mosul o Aleppo a través del Mar Egeo y el Bósforo, o a través del Mediterráneo hacia Eritrea, Somalia o Sudán.

La reintroducción de los controles fronterizos y la construcción de barreras en algunos países abrumados por las circunstancias posiblemente permita ganar tiempo, pero nadie en su sano juicio puede pensar que estas medidas pueden bloquear la entrada de personas permanentemente. Es probable que la mitad de los solicitantes de asilo, incluso bajo las reglas más estrictas, podría calificar para obtener un permiso de residencia, dadas las terribles condiciones en los países de los cuales han decidido escapar. A pesar de la sensibilidad o ambivalencia de la opinión pública en cuestiones migratorias en muchos países, los líderes europeos deberán encontrar una respuesta firme, coordinada y unificada.