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Cómo abordar la migración en su origen

WASHINGTON, DC –  Para los ciudadanos de los países pobres, la migración es a menudo una opción muy atractiva. El viaje a un nuevo país es a menudo peligroso, pero promete oportunidades económicas mucho mayores: los ingresos per cápita promedio en las economías avanzadas pueden ser más de 50 veces superiores (en términos de paridad de poder adquisitivo) que los del mundo en desarrollo. En muchos casos, la seguridad física de los migrantes también mejora. Sin embargo, para los países receptores, la inmigración se mantiene como un tema polémico, respecto al cual los gobiernos se esfuerzan por establecer políticas que permitan que sus economías cosechen los beneficios de los flujos migratorios y eviten incurrir en costos excesivos debido a ello.

La inmigración es un tema particularmente sobresaliente en la arena de debate político en Europa y Estados Unidos. Incluso en Japón, que ha cerrado en gran medida sus fronteras a los migrantes, la necesidad de encontrar maneras de hacer frente al rápido envejecimiento de la población últimamente ha estimulado el debate sobre el tema.

En todos estos países, el debate tiende a reducirse a tres posiciones básicas. La primera postura – apoyada por una pequeña minoría y carente de apoyo político significativo –  es que la inmigración es fundamentalmente beneficiosa para un país avanzado, ya que los recién llegados pueden mitigar los retos demográficos y contribuir a la base de habilidades de la economía.

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