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Europa y el euro

PARÍS – Para cualquiera que viva en la eurozona compuesta por 16 Estados miembros, el prolongado éxito del euro es un asunto técnico y emocional. La mente y el corazón están implicados. Pienso que es axiomático que el euro sea vital para Europa y, en efecto, para la economía mundial.

En primer lugar, hay que recordar que la idea de Europa comenzó como un proyecto para garantizar la paz y la democracia entre los pueblos europeos. Cuando se introdujo la nueva moneda en 1999 –y aún más cuando los ciudadanos europeos tuvieron la primera oportunidad de usarla en enero de 2002- se vivió como la prueba más tangible y contundente de que la integración europea era una realidad. Como dice el eslogan, euros en su billetera, Europa en su bolsillo.

Veinte años después de elegir al Parlamento Europeo mediante sufragio universal en 1979, la introducción del euro marcó una extensión lógica del sueño europeo.

También debe recordarse, sin embargo, que cuando Eslovenia se unió a la eurozona en 2007, muchas personas señalaron que el país estaba entrando de algún modo a la “vieja Europa.” Sin embargo, Chipre, Malta y Eslovaquia desde ese entonces han seguido su ejemplo en la adopción del euro como su moneda. Desde Dublín, en las orillas del Mar Irlandés hasta Bratislava, en las estribaciones de los Montes Cárpatos, las mismas monedas y billetes son de curso legal y constantemente están empujando las fronteras de la Unión Europea. Próximamente se unirán nuevos miembros, como Estonia, que está previsto entre a la eurozona el primero de enero de 2011.