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UE y Turquía: volver a cero

ROMA – Más adelante este año, Turquía será sede de la Cumbre de Líderes del G20 de 2015, la décima reunión anual de los jefes de estado del G20. La prominencia de ese país en el escenario mundial llega en un momento extraño, cuando se encuentra rodeado por un creciente arco de inestabilidad.

De hecho, dos órdenes geopolíticos se están deshilachando en el entorno inmediato de Turquía: la entente pos Guerra Fría con Rusia y las fronteras nacionales en Oriente Medio definidas por el Acuerdo Sykes-Picot de 1916 y el Tratado de Versailles de 1919. Nunca la Unión Europea y Turquía se han necesitado más entre sí... sin embargo, rara vez han estado tan distantes.

Turquía ya no es la estrella regional en ascenso que fue durante la primera mitad de los 12 años en que el presidente Recep Tayyip Erdoğan estuvo al frente del país. Lejos quedaron aquellos días en que el país transitaba un boom económico y se acercaba a una verdadera democracia, una fuente de inspiración para muchos en la región. Hoy, Turquía enfrenta una miríada de desafíos: creciente autoritarismo, crecimiento mediocre y un tambaleante proceso de paz con los kurdos. Debido a su frontera de 900 kilómetros con Siria, aloja a casi 2 millones de refugiados sirios y es vulnerable a ataques e infiltraciones del Estado Islámico. Las tensiones tanto con Irán como con Israel se han afianzado profundamente y el país depende cada vez más de la energía provista por una Rusia revanchista.

Turquía no puede enfrentar sola estos desafíos. La UE representa casi el 40 % del comercio de Turquía, el 70 % de su inversión directa extranjera y más del 50 % de su sector turístico. Mientras tanto, los vínculos económicos del país con sus vecinos del sur han entrado en una espiral descendente desde la Primavera Árabe en 2011.