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Replantearnos la Fortaleza Europa

LONDRES – Algo huele mal en el debate de la Unión Europea acerca de la migración. Los líderes políticos del continente, paralizados por el auge del populismo antiinmigración, están dando la espalda a personas en situación de enorme vulnerabilidad que huyen de la guerra, las violaciones a los derechos humanos y el colapso económico.

En ningún lugar es más visible el costo humano de las políticas europeas que en el mar Mediterráneo. Las aguas entre Europa y África son la ruta de migración con más muertes del mundo. Se estima que alrededor de 300.000 personas hicieron la travesía en 2014, más del doble que en 2013. Unas 3.000 murieron por ahogamiento, hambre, asfixia o exposición al frío o al calor.

La mayoría de los migrantes salieron de Libia, que se ha convertido en el centro de una industria multimillonaria de trata de personas. Hasta hace poco, la mayoría de los migrantes que partían hacia Italia lo hacían en embarcaciones pequeñas. Pero, en una nueva vuelta de tuerca, a principios de este año las autoridades italianas rescataron a cientos de migrantes, entre quienes había mujeres embarazadas y decenas de niños, a bordo de un viejo buque carguero. La tripulación había abandonado el barco.

Dada su proximidad a la terrible guerra civil en Siria y a países que sufren una extrema pobreza, abusos a los derechos humanos y estados y economías débiles o colapsadas, inevitablemente la UE es un imán para inmigrantes y solicitantes de asilo. Es por eso que necesita una política migratoria que refleje los valores sobre los que se ha fundado. Por desgracia, el respeto a la vida humana ha pasado a segundo plano ante los cálculos políticos.