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La ética y Obama

TUBINGEN –Muchos dicen que la crisis financiera mundial no se podía haber previsto. Quizás no por los financistas y economistas, pero otros que observaban lo que ocurría en los mercados estaban más que preocupados.

Ya en 1997, planteé mi preocupación de que se repitiera un colapso del sistema económico similar al de 1929-1933 en mi libro Una ética mundial para la economía y la política : “El más ligero comentario, por ejemplo del Presidente del Banco federal Estadounidense Allan Greenspan a comienzos de diciembre de 1996, de que una “exuberancia irracional” había llevado a una sobrevaluación de los mercados financieros, fue suficiente para que los nerviosos inversionistas de los mercados de alto vuelo de Asia, Europa y América entraran en caída libre y, presas del pánico, vendieran sus acciones. Esto también muestra que las crisis en la globalización no se equilibran a priori, sino que quizás empeoren progresivamente."

En ese entonces ya aventuraba el que para los economistas era un planteamiento herético: que la teoría del caos se debía aplicar a la economía; que de las más pequeñas causas pueden derivar efectos devastadores. No se podía descartar de modo alguno "un retorno de la crisis económica mundial y el colapso del orden económico mundial de 1929-1933".

Así es que no me sorprendió la rapidez y la dimensión de los acontecimientos de los últimos meses. De hecho, sólo unos cuantos economistas –como los premios Nobel de 2001 Joseph Stiglitz y de 2008 Paul Krugman- advirtieron acerca de los fatales sucesos que iban preparándose en la economía globalizada de hoy.