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La precaria nueva normalidad de Europa

LONDRES – Hace una década, diez países se unieron a la Unión Europea. Hoy todo el mundo reconoce que Chipre, la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia son países europeos plenamente integrados. Las extraordinarias transiciones políticas que puso en marcha la caída del Muro de Berlín en 1989, junto con el largo y minucioso proceso de adhesión a la UE que le siguió, produjeron esta nueva normalidad, libre en lo esencial de las distorsiones políticas y económicas de la Guerra Fría.

Hoy Ucrania está tomando este camino, sin la promesa de adhesión completa. En este aniversario, cuando nuevamente desciende sobre el continente europeo una era de tensión geopolítica, merece la pena que recordemos lo que significó este proceso para los países que hace diez años pasaron a formar parte de la UE y lo que podría significar para Ucrania.

Se ha recuperado el “área media faltante” de Europa, separada por la Cortina de Hierro. El comercio en la región ha florecido, gravitando de manera natural hacia la UE, el mayor mercado del mundo. Y en dirección opuesta han fluido las inversiones desde los países con riqueza de capitales a aquellos donde faltan, tal como habrían predicho las teorías económicas.

Si se comparan Polonia y Ucrania quedan claros los beneficios de ser miembro de la UE. En 1989, ambos tenían aproximadamente el mismo estándar de vida; hoy los polacos son tres veces más ricos. La brecha del ingreso de Polonia con Europa Occidental es hoy menor que en cualquier momento desde el año 1500.